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domingo, 20 de diciembre de 2009

Reunión 6. Lectura del Éxodo. Esclavitud de Israel en Egipto.






ÉXODO 4.

  1. Inmediatamente, Moisés y Aarón fueron a decir al Faraón: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Deja partir a mi pueblo, para que celebre en el desierto una fiesta en mi honor".
  2. Pero el Faraón respondió: "¿Y quien es el Señor para que yo le obedezca dejando partir a Israel? Yo no conozco al Señor y no dejaré partir a Israel".
  3. Ellos dijeron: "El Dios de los hebreos vino a nuestro encuentro, y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios. De lo contrario él nos castigará con la peste o la espada".
  4. El rey de Egipto les respondió: "¿Por qué ustedes, Moisés y Aarón, se empeñan en apartar al pueblo de sus tareas? Vuelvan al trabajo que les ha sido impuesto".
  5. Él pensaba así: "Ellos son ahora más numerosos que los nativos del país, ¿y todavía debo tolerarles que interrumpan sus trabajos?".
  6. Ese mismo día, el Faraón dio a los capataces y a los inspectores del pueblo las siguientes instrucciones:
  7. "No sigan entregando a esa gente la paja para hacer los ladrillos, como lo hicieron hasta ahora. Que vayan a juntarla ellos mismos.
  8. Pero exíjanles la misma cantidad de ladrillos que fabricaban antes, sin descontarles ni uno solo, porque son unos holgazanes. Por eso gritan: ‘¡Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios!’.
  9. Háganlos trabajar más duramente y que estén siempre ocupados; así no prestarán atención a esas patrañas".
  10. En seguida salieron los capataces del pueblo, junto con los inspectores, y dijeron a la multitud: "Así habla el Faraón: ‘De ahora en adelante no les daré más paja.
  11. Vayan ustedes mismos y tráiganla de donde puedan. Pero el rendimiento no deberá disminuir en lo más mínimo’".
  12. Entonces el pueblo se dispersó por todo el territorio de Egipto para recoger los rastrojos, y abastecerse así de paja.
  13. Los capataces, por su parte, los apremiaban diciendo: "Terminen el trabajo que se les fijó para cada día, como lo hacían cuando les daban la paja".
  14. Y los capataces del Faraón golpearon a los inspectores israelitas que ellos habían designado, diciendo: "¿Por qué ayer y hoy no completaron la cantidad establecida de ladrillos, como lo venían haciendo hasta ahora?".
  15. Los inspectores de los israelitas fueron a quejarse al Faraón, diciendo: "¿Por qué tratas así a tus servidores?
  16. No nos dan paja, no cesan de decirnos que hagamos ladrillos, y encima nos golpean. Y tú tienes la culpa".
  17. Pero el Faraón respondió: "Ustedes son unos holgazanes, sí, unos perfectos holgazanes. Por eso andan diciendo: ‘Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios’.
  18. Ahora vayan a trabajar. Y no sólo no les darán más paja, sino que deberán entregar la misma cantidad de ladrillos".
  19. Cuando les anunciaron que no debían disminuir la producción de ladrillos establecida para cada día, los inspectores israelitas se vieron en un grave aprieto.
  20. Y al encontrarse con Moisés y Aarón que los estaban esperando a la salida,
  21. les dijeron: "Que el Señor fije su mirada en ustedes y juzgue. Porque nos han hecho odiosos al Faraón y a sus servidores, y han puesto en sus manos una espada para que nos maten".
  22. Moisés se volvió al Señor, diciendo: "Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para esto me has enviado?
  23. Desde que me presenté ante el Faraón para hablarle en tu nombre, él no ha cesado de maltratar a este pueblo, y tú no haces nada para librar a tu pueblo".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Oración Deuteronomio


"Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla; para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas".

Dt 6, 1-9

viernes, 13 de noviembre de 2009

Oración. Silencio para descubrir la Vocación.

Silencio interior y exterior

Necesitamos el silencio para aprender a orar, pero también para llegar a lo más profundo de nuestro ser y allí descubrir quién soy en realidad. El silencio que necesitamos es el silencio de nuestro corazón y para eso se requiere tiempo y constancia.

Encontrar un lugar tranquilo puede resultar difícil, pero el silencio absoluto no es necesario, sino que es suficiente encontrar el lugar donde poder escuchar algo más que lo que sucede a nuestro alrededor.

El verdadero reto de la oración no es el ruido que nos rodea, sino el ruido interior. Debemos acallar el ruido mental para poder emprender el camino hacia el corazón. Se trata de liberarnos de la influencia del pasado y del futuro, de nuestras inquietudes y resentimientos, nuestra autoadmiración y autocompasión.

El silencio nos revela aspectos no resueltos de nuestro carácter: la ira, el odio, la sospecha, la vacilación. Deja al descubierto mucho de lo que debemos liberarnos, aquello que a menudo ocultamos a Dios cuando hablamos y cuando nos mantenemos ocupados. Él sacará a la superficie todo nuestro nerviosismo y ansiedad, pero Dios quiere sanarnos, devolvernos la paz verdadera.

En el silencio, Dios se comunica con nosotros, allí podemos servirle sin preocuparnos de qué decir ni intentar escondernos detrás de nuestras palabras y de nuestros pretextos.

¿Qué cosas nos impiden encontrar el silencio?

Moisés encontró a Dios en el silencio y allí descubrió cuál era su misión, qué quería Dios para él, cuál era su vocación.