viernes, 13 de noviembre de 2009
¿Quién soy en realidad? - Trabajo Reunión Vocación
1. Escribe tres cualidades y tres defectos que te caracterizan.
2. ¿Recuerdas que alguien te haya dicho estas frases?
Puntúalo de 0 a 5 en función de lo que sientes que estas frases te han afectado en tus decisiones.
No te fíes de nadie
No vales para nada
No me hagas enfadar
Tú no sabes
Mejor te callas
¡Qué dirá la gente!
El orgullo por encima de todo
Sin ti no soy nada
Quien bien te quiere, te hará llorar
Sálvese quien pueda
No te equivoques
Se acabaron los problemas
No vale la pena
Colócate el flequillo
Me las pagará
Búscate un novio guapo/una novia guapa
La vida es dura
No hay nada que hacer
No pierdas el tiempo
Sé bueno
Eres un trasto
Tienes que pensar en el futuro
Ten cuidado
Sé responsable
Sé ordenado
Tienes que ser el número 1.
¿Eres consciente de que estas expresiones pueden haberte influido en tu manera de pensar, sentir y actuar?
Para saber quién eres en realidad, busca en tu interior y actúa desde tu corazón, allí está tu paz, tu serenidad, tu fuerza, tu valentía, la capacidad de superarte, tu libertad, tu creatividad, alegría, ilusión, amor y luz. Allí estás TÚ. Allí está DIOS.
La Vocación de Moisés.
"Pastoreaba Moisés el rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá de desierto y llegó a Horeb. LA MONTAÑA DE DIOS.
Se le apareció el ángel del Señor en forma de llama de fuego, en medio de una zarza; miró y vio que la zarza ardía con el fuego y no se consumía. Se dijo Moisés:
-"Me voy a desviar para ver este fenómeno sorprendente, por qué continúa ardiendo la zarza". El señor vio que se desviaba para mirar y le llamó desde la zarza, diciéndole: - "Moisés, Moisés" y respondió: - "Aquí estoy". Le dijo: "No te acerques aquí; descálzate las sandalias de tus pies, pues el lugar sobre que estás es tierra santa". Le dijo también: – "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Entonces Moisés se tapó rostro, pues tuvo miedo de contemplar a Dios".
-"He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado el clamor que le arrancan sus capataces; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena, espaciosa; a una tierra que mana leche y miel. Así pues, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión con que los egipcios los oprimen. Ahora, pues, ve; yo te envío al Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto".
Dijo Moisés a Dios: - "¿Quién soy yo para ir al Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?". Respondió: - "Yo estaré contigo y esta es la señal de que yo te envío: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en ESTE MONTE".
EX 3,1-12
Oración. Silencio para descubrir la Vocación.
Silencio interior y exterior
Necesitamos el silencio para aprender a orar, pero también para llegar a lo más profundo de nuestro ser y allí descubrir quién soy en realidad. El silencio que necesitamos es el silencio de nuestro corazón y para eso se requiere tiempo y constancia.
Encontrar un lugar tranquilo puede resultar difícil, pero el silencio absoluto no es necesario, sino que es suficiente encontrar el lugar donde poder escuchar algo más que lo que sucede a nuestro alrededor.
El verdadero reto de la oración no es el ruido que nos rodea, sino el ruido interior. Debemos acallar el ruido mental para poder emprender el camino hacia el corazón. Se trata de liberarnos de la influencia del pasado y del futuro, de nuestras inquietudes y resentimientos, nuestra autoadmiración y autocompasión.
El silencio nos revela aspectos no resueltos de nuestro carácter: la ira, el odio, la sospecha, la vacilación. Deja al descubierto mucho de lo que debemos liberarnos, aquello que a menudo ocultamos a Dios cuando hablamos y cuando nos mantenemos ocupados. Él sacará a la superficie todo nuestro nerviosismo y ansiedad, pero Dios quiere sanarnos, devolvernos la paz verdadera.
En el silencio, Dios se comunica con nosotros, allí podemos servirle sin preocuparnos de qué decir ni intentar escondernos detrás de nuestras palabras y de nuestros pretextos.
¿Qué cosas nos impiden encontrar el silencio?
Moisés encontró a Dios en el silencio y allí descubrió cuál era su misión, qué quería Dios para él, cuál era su vocación.
Reunión 3 (7 de noviembre de 2009): "La Vocación de Moisés"
Comenzamos con una oración contemplativa, que comenzó con una danza y después un ejercicio donde pudimos aislarnos de todas las preocupaciones del día, de todos los ruidos que nos afectan a la hora de acercarnos al diálogo profundo con Dios.
La imagen que vino a mi mente fue la de un descenso por una pendiente hacia el interior de nosotros mismos. Haciéndonos conscientes de nuestra respiración, de nuestro cuerpo, y haciendo el silencio llegamos hasta la profundo. Una vez allí, el Padre nos planteaba algunas preguntas: ¿Para qué estoy en el mundo? ¿Qué siento que Dios quiere para mí? ¿Qué sueña Dios para nosotros?.
Después, otra vez el ascenso, de vuelta a la superficie, a la realidad, a la cima de la montaña de nuestro alma.
Terminado el ejercicio de silencio, compartimos lo que habíamos sentido.
Tras la oración, nos movimos hacia el salón donde trabajamos el texto bíblico de la vocación de moisés.
Para trabajar sobre la vocación, pensamos que debíamos darnos cuenta de todo aquello que nos han dicho los demás, nuestra familia, nuestros amigos, la sociedad, todos los mensajes que de alguna manera nos afectan. Para ello realizamos una dinámica muy sencilla. Pensamos sobre unas cuantas frases que todos hemos oído alguna vez con la intención de valorar el silencio, la propia introspección que debe dejar fuera un montón de ruidos que nos molestan.
Surgió entonces el debate, el compartir nuestros defectos y nuestras virtudes, dándonos cuenta que los miedos e inseguridades de Moisés ante la misión que le encomienda Dios, son también los nuestros. Concluyendo que Dios está de nuestro lado, que nos protegerá sea cual sea el camino que tengamos a bien recorrer siempre que sea el nuestro, uno que nadie elija por nosotros.