El pásado sábado 6 de noviembre nos reunimos para trabajar nuestra vocación.
Comenzamos con una oración contemplativa, que comenzó con una danza y después un ejercicio donde pudimos aislarnos de todas las preocupaciones del día, de todos los ruidos que nos afectan a la hora de acercarnos al diálogo profundo con Dios.
La imagen que vino a mi mente fue la de un descenso por una pendiente hacia el interior de nosotros mismos. Haciéndonos conscientes de nuestra respiración, de nuestro cuerpo, y haciendo el silencio llegamos hasta la profundo. Una vez allí, el Padre nos planteaba algunas preguntas: ¿Para qué estoy en el mundo? ¿Qué siento que Dios quiere para mí? ¿Qué sueña Dios para nosotros?.
Después, otra vez el ascenso, de vuelta a la superficie, a la realidad, a la cima de la montaña de nuestro alma.
Terminado el ejercicio de silencio, compartimos lo que habíamos sentido.
Tras la oración, nos movimos hacia el salón donde trabajamos el texto bíblico de la vocación de moisés.
Para trabajar sobre la vocación, pensamos que debíamos darnos cuenta de todo aquello que nos han dicho los demás, nuestra familia, nuestros amigos, la sociedad, todos los mensajes que de alguna manera nos afectan. Para ello realizamos una dinámica muy sencilla. Pensamos sobre unas cuantas frases que todos hemos oído alguna vez con la intención de valorar el silencio, la propia introspección que debe dejar fuera un montón de ruidos que nos molestan.
Surgió entonces el debate, el compartir nuestros defectos y nuestras virtudes, dándonos cuenta que los miedos e inseguridades de Moisés ante la misión que le encomienda Dios, son también los nuestros. Concluyendo que Dios está de nuestro lado, que nos protegerá sea cual sea el camino que tengamos a bien recorrer siempre que sea el nuestro, uno que nadie elija por nosotros.
viernes, 13 de noviembre de 2009
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